La medicina avanza a un ritmo vertiginoso. Hoy somos capaces de leer nuestro ADN casi completo y anticipar posibles enfermedades antes incluso de que aparezcan. Pero este poder abre una pregunta inquietante: ¿debemos conocerlo todo?


En este artículo, Blanca Morera aborda uno de los grandes dilemas bioéticos de nuestro tiempo: el uso de la secuenciación genética masiva y las implicaciones de descubrir información que va mucho más allá del problema de salud inicial. Especialmente delicado es el caso de los menores: ¿tienen los padres derecho a saber qué enfermedades podría desarrollar su hijo en la edad adulta?


Una reflexión profunda sobre los límites de la ciencia, el derecho a no saber y el equilibrio entre prevención, autonomía y responsabilidad.


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