La teoría del valor distingue, al menos desde los tiempos de Aristóteles, dos tipos, generalmente denominados “intrínsecos” e “instrumentales”. Estos últimos se llaman así porque su valía depende de algo distinto de ellos mismos. El ejemplo paradigmático es un fármaco, que no tiene valor por sí mismo sino porque cura una enfermedad o alivia un síntoma. Si no hiciera ninguna de estas dos cosas, diríamos que “no vale para nada”. Es lo contrario de lo que sucede con los valores intrínsecos, que valen por sí mismos, no por referencia a otra cosa. La belleza tiene valor por sí misma, y lo mismo le sucede a la verdad, a la justicia, etc.